Guía Federal de Orientaciones

¿Por qué trabajar sobre las situaciones complejas en las escuelas?

¿Por qué trabajar sobre las situaciones complejas en las escuelas?

Entendemos que la vida cotidiana de las escuelas está inserta en una trama conformada por variables sociales, políticas, culturales, económicas y geográficas. La interpretación de las distintas orientaciones propuestas en nuestro curso requerirá de la participación de los diversos actores propios de cada institución para construir y contextualizar distintas estrategias capaces de dar respuesta a diversas problemáticas. En este sentido, la convivencia en la escuela debe ser abordada mediante acciones de carácter participativo que promuevan la inclusión en términos de ingreso, permanencia y egreso, tal como lo sostiene el Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente.

Consideramos también que los conflictos son inherentes a la vida de las personas; por lo tanto, lo son también a la vida escolar. Desde esta perspectiva, la escuela debe asumir el conflicto y trabajar en su resolución a través de la palabra puesta en juego, del diálogo y de la participación.

El conflicto es una oportunidad para el crecimiento y el desarrollo de las personas involucradas, en lo que se refiere a dos dimensiones que se consideran fundamentales para la vida en sociedad: la revalorización propia y el reconocimiento del otro. La primera supone desarrollar y fortalecer la capacidad para afrontar las dificultades comprometiéndose en la reflexión, la decisión y la acción como actos conscientes e intencionales. La segunda implica desarrollar y fortalecer la capacidad para sentir y expresar preocupación y consideración por los otros, especialmente por esos otros cuya situación es distinta de la propia. El rol de la persona adulta en esta situación es, como en otras ocasiones, fundamental no sólo en la generación de condiciones facilitadoras sino en la intervención estimulante. En este curso se pretende analizar los conflictos desde su inserción en una trama compleja de relaciones de poder. Es decir, comprenderlos en sus dimensiones políticas, sociales y culturales, superando una mirada individualista que a veces concibe como enferma o patológica a la conducta de algunos de los involucrados en los conflictos.

Desde este enfoque, las respuestas a los conflictos también se construyen no sólo de una manera colectiva, sino también desde el interior de nuestro campo, el educativo.