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Pensar las infancias y adolescencias en clave de Derechos Humanos

UNTER – CTERA

Tipo de Organismo:
Gremio

Jurisdicción:
Río Negro

Distrito:
Río Negro

Nivel:
Inicial; Primario; Secundario

Horas presenciales
8

Horas virtuales:
4

Modalidad:
Semi-presencial

Destinatarios:
Docentes; Docentes de Educación Artístic; Docentes de Educación Física; Docentes de salas de 4 y 5 años; Docentes y directivos; Equipos directivos y docentes; Equipos técnicos y directivos; Equipos técnicos, supervisores y directivos; Preceptores; Supervisores, equipos directivos y docentes; Supervisores, equipos directivos, docentes y estudiantes

Como sabemos, el cambio normativo de las formulaciones jurídicas mundiales y nacionales, que se viene dando en estos últimos años, implica de alguna manera, que la protección de derechos de la infancia y la adolescencia debe traducirse en la formulación de políticas públicas y universales para todos los niños y niñas. En este sentido, el cumplimiento de sus derechos deja de ser objeto de caridad y pasa a ser un problema de Estado. También sabemos que la Convención Internacional de Derechos del niño, que ordena y regula las relaciones del niño, la familia y el Estado, como instrumento de Derechos Humanos, permite, por un lado, poner límites a la intervención del Estado los límites de las garantías constitucionales y, por otro, ampliar las responsabilidades de los sectores públicos y de la sociedad civil, las familias, los barrios, las escuelas. Entonces, más allá de un determinado ordenamiento jurídico, lo que decimos es que esta cuestión se proyecta hacia las políticas, las intervenciones, las instituciones, las prácticas y las formas de relacionarnos los adultos con los niños y niñas en cada comunidad. Ahora bien, este proceso, en el campo educativo, en el nivel de las prácticas y de los dispositivos institucionales, implica un complejo proceso de desarmar, modificar y construir desde la protección integral de derechos. En la escuela considerar a la infancia y a la adolescencia como titular de derechos significa trascender la lógica de la carencia, significa introducir en la relación adulto-niño el orden de la ley, una ley idéntica para todos, basada en el respeto por la dignidad humana. ¿Cómo mirar a nuestras niñas, niños y adolescentes, no sólo desde la perspectiva de las necesidades, sino desde el enfoque de protección de derechos? ¿ qué implica en el campo educativo este cambio de visión? Como educadoras y educadores para poder mirar, pensar, reflexionar, rearmar para volver armar, desde el nuevo paradigma político de infancia y adolescencia las prácticas políticas educativas, hace falta conocer, recorrer los caminos, andar con los pies en el barro de las construcciones jurídicas, políticas, los debates actuales en el campo político de la infancia y adolescencia. En este sentido esta propuesta, anclada en esta perspectiva, representa un intento (imprescindible para trabajar con las infancias y adolescencias) de recorrer saberes teóricos, marcos jurídicos, definiciones políticas y prácticas institucionales que, desde diferentes enfoques estéticos, políticos, filosóficos, poéticos, posibiliten pensar entre varios, conocer, reflexionar las implicancias sociales, educativas desde un lugar de responsabilidad de adulto/a educador /trabajadora/or, profesional, miembro de una comunidad. El debate que proponemos trata de producir conocimiento colectivo, desde la inquietud de pensar juntos (pero no igual) la acción educativa, hacia la búsqueda de un mundo más hospitalario para los recién llegados. Si bien las formulaciones jurídicas (internacionales y nacionales) son necesarias, en tanto señalan rumbos a seguir y ofrecen un marco bajo el cual la injusticia puede ser denunciada, no necesaria, ni rápidamente, se traducen en las prácticas cotidianas educativas. Entre otras, surgen algunas preguntas acerca de los sentidos que legitiman las prácticas y dispositivos para la infancia y adolescencia en la educación, desde esta nueva mirada jurídica y política, hoy. ¿Qué nuevo panorama se abriría en el campo de la educación si pensamos nuestras acciones en función de lo que a los niños les corresponde por derecho, y no en función de atender un riesgo, cubrir una necesidad, una carencia, una falta o de prevenir un daño futuro? ¿Qué implicancias pedagógicas podemos empezar a proyectar, inventar, ensayar, crear, junto a otros y otras, en nuestras comunidades educativas? ¿Cómo recorrer el camino de reconocimiento del derecho de los niños a la educación a los derechos de los niños en la educación? ¿Qué implica pensar al niño y a la niña y al adolescente como ciudadanos? ¿Quiénes son nuestras niñas, nuestros niños, nuestros adolescentes que habitan las escuelas? Asistimos hoy a una multiplicación de los modos de transitar la infancia y la adolescencia, al punto tal que los discursos pedagógicos y las prácticas escolares se muestran cada vez menos capaces para comprenderlos e interactuar con ellos. Los sujetos que habitan las instituciones escolares parecen, en ocasiones, tan distanciados de lo que la escuela y la pedagogía habían definido como alumnos. Transitamos la emergencia de nuevas infancias y juventudes, pero seguimos en las viejas escuelas y con las viejas categorías. Esta cuestión nos interpela como adultos, como educadores, y nos desafía a repensar las prácticas educativas y la institución escolar, lo que equivale a repensar las concepciones de niño, adolescente y joven sobre las cuales estas prácticas y esta institución se constituyen. Pensar en la infancia y adolescencia hoy, es pensar en quienes somos los adultos, es pensar en la sociedad toda.


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